Ayer cuando mi perro me sacó a pasear,  porque (siempre confundo los porqués) si algo tengo claro desde que ese ser llegó a mi vida, es que él me saca a mí y no al contrario. Pues bien, íbamos caminando hacia el parquecito y al acercarnos al semáforo, una chica que esperaba para pasar al otro lado, me llamó mucho la atención. Mientras mi compañero de paseos se entretenía en oler unas adelfas (¡hasta que un día le de un mareo!) yo miraba de reojo a la mujer en cuestión. 
Su espalda estaba como redondeada en una 'jorobita de miedo', encogida como si quisiera hacerse pequeña y desaparecer. Tenía un par de bolsitas que colgaban de sus brazos, parecía  como si no supiera que las llevaba, no sé, era como si volasen a su lado ajenas a ella, o mejor dicho ella ajena a las bolsas. Me recordó a mi misma hace algún tiempo, esa joroba que no es física  si no  sino emocional o psicológica.
Miré hacia la luz del semáforo y vi que para los peatones estaba en rojo, pero no pasaba ningún coche, no sólo no pasaban, no se veía ninguno. Fue entonces, al mirar hacia la izquierda para cerciorarme de que no venía ningún vehiculo cuando vi su cara... Y se me partió el corazón.
¡Como duele la cara de una persona depresiva! ¡Y esas miradas perdidas que solamente ven oscuridad!  
Mi compañero y yo cruzamos la calle y después otra más, pero antes de subir por la avenida me volví con disimulo para observarla. Ella, seguía estática, con la mirada perdida en ese mundo gris, esperando un simple parpadeo verde para seguir su camino.