Si me acuesto con un problema, una de dos, o me levanto y como algo o me levanto y plasmo lo que siento en un papel. Es la única manera de coger el sueño.

Pues resulta que el otro día me dieron las cinco de la mañana y mi cabeza que no paraba de dar vueltas, así que a esa hora de la madrugada me tuve que levantar. Primero me tomé un vaso de leche y de lo que escribí, aquí dejo un poquito:

Soy tan transparente, hace unas horas mi esposo me ha dicho que si me pasaba algo y yo lo he negado, para no preocuparlo con tonterías mías. Con lo fácil que hubiese sido decirle que M.D. me ha puesto verde esta tarde y yo en lugar de defenderme me he hechado (que lío, no sé si es hecharse o echarse, creo que es echarse a llorar) a llorar como un bebé.

¡Ahora claro! No puedo dormir y tengo los nervios en el estómago y en las quijadas (como soy tan burra he puesto quijada en lugar de mandíbula). Esta noche el insomnio se ha apoltronado en la almohada a hacerme compañía.