Cuando conocí a M.B. yo había pasado por una mala racha y acababa de emprender un proyecto en el que trabajé día y noche para hacerlo posible, algo que me hacía feliz y me demostraba que yo tenía buenas aptitudes. En esos días llegó ella, se inscribió y… me lo robó para presentarlo como si fuese suyo. Además me ridiculizó y se rió de mí junto con algunas amistades suyas. Pasé un tiempo bastante mal y abandoné el proyecto para siempre, por las noches me costaba dormir, no entendía qué había hecho yo de malo para que aquella persona que apenas me conocía estuviese haciendo todas aquellas cosas contra mi.

Y entonces cometí un error. Harta de la mala racha y de aguantar que la gente me tomase por tonta reaccioné rebelándome y me dediqué a preparar mi venganza. Ha sido la primera y última vez que me he vengado en mi vida, yo que siempre había sido reacia a devolver el daño que otros me habían hecho.

Vengarse no merece la pena, es un malgasto de energías y de tiempo. El regusto que deja no es dulce, más bien es amargo.

Vengarse me causa dolor interno, ya que me demuestra que no soy tan buena persona como yo quisiera. Pero en fin, aguantar es de tontas, vengarse es de necias. Así que mejor ser tonta sin vengarse que no causa dolor a nadie.