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Terra
La Coctelera

Categoría: Anuros del alma

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Me invitan a hacer deporte cuando lo "único" que quería saber es qué hago en este mundo...

Ayer comentaba que me falta algo, que me siento como si tuviese que dar algo de mí y no lo estuviese dando, y sobre todo siento que tengo que empezar a darlo ya. Es como si se me estuviese acabando el tiempo para empezar a hacer "eso".

Lo comenté aquí, pero en este blog no entran ni los trolls, así que bueno. ¡Que tontería! Esperaba entrar hoy y encontrar como por arte de magia alguna respuesta que me hiciese abrir los ojos.

Todo lo que he obtenido es una invitación a bajar de peso y hacer ejercicio.

¿Será eso lo que tengo que hacer?

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¿Qué hago yo en este mundo loco?

No sé si nos pasa a todos en un momento de nuestra existencia, supongo que sí. Hago balance de mi vida y me gusta lo que he conseguido tanto a nivel económico, pues no soy demasiado materialista, como a nivel emocional, ya que gracias a Dios vivo junto a un hombre que me comprende más de lo que llegué a pensar jamás.

Pero... (por supuesto tenía que haber un pero). No sé que hago en este mundo, no sé cual es mi... digamos "trabajo", para que estoy aquí, que lección tengo que aprender del mundo y sobre todo ¿Qué me falta? ¿Qué pasos tengo que dar para descubrir para qué estoy aquí? Creo que lo tengo todo, entonces ¿Por qué siento que me falta algo?

No sé si me explico bien, es como cuando una va a un restaurante y prueba un plato nuevo en el que reconoce un sabor, pero es imposible saber de qué se trata (secreto del cocinero/a). Empiezas a darle vueltas en la cabeza al tema, pero no obtienes respuesta. Ya que esa respuesta sólo la sabe una persona "El Cocinero".

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¿Tanto daño me hizo?

Si me acuesto con un problema, una de dos, o me levanto y como algo o me levanto y plasmo lo que siento en un papel. Es la única manera de coger el sueño.

Pues resulta que el otro día me dieron las cinco de la mañana y mi cabeza que no paraba de dar vueltas, así que a esa hora de la madrugada me tuve que levantar. Primero me tomé un vaso de leche y de lo que escribí, aquí dejo un poquito:

Soy tan transparente, hace unas horas mi esposo me ha dicho que si me pasaba algo y yo lo he negado, para no preocuparlo con tonterías mías. Con lo fácil que hubiese sido decirle que M.D. me ha puesto verde esta tarde y yo en lugar de defenderme me he hechado (que lío, no sé si es hecharse o echarse, creo que es echarse a llorar) a llorar como un bebé.

¡Ahora claro! No puedo dormir y tengo los nervios en el estómago y en las quijadas (como soy tan burra he puesto quijada en lugar de mandíbula). Esta noche el insomnio se ha apoltronado en la almohada a hacerme compañía.

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Supongo que el primer pensamiento debe ser el real.

Hoy ¿O sería ayer? ¿O anteayer? ¡Que más da! Me he enterado que M.B. y su marido se han separado. Al principio no me lo creía y pensé ‘¡¿Qué?! ¡Venga ya, eso será broma!’, pero cuando he empezado a informarme, de repente me sorprendo a mi misma pensando ‘¡Toma!¡Jódete!

Es como si lo hubiese pensado otra persona, como si mi mente hubiera sido más rápida que yo, como si el pensamiento fuese ajeno a mi voluntad. ¿Cómo voy a ser tan agria como para alegrarme de algo así? ¿Tan mala persona soy? ¿No fue suficiente con vengarme?

Por mucho que después he pensado ‘¡Pobrecilla!’, el primer pensamiento ya no se borra y supongo que debe ser lo que de verdad siento.

9

Aguantar es de tont@s, vengarse es de neci@s.

Cuando conocí a M.B. yo había pasado por una mala racha y acababa de emprender un proyecto en el que trabajé día y noche para hacerlo posible, algo que me hacía feliz y me demostraba que yo tenía buenas aptitudes. En esos días llegó ella, se inscribió y… me lo robó para presentarlo como si fuese suyo. Además me ridiculizó y se rió de mí junto con algunas amistades suyas. Pasé un tiempo bastante mal y abandoné el proyecto para siempre, por las noches me costaba dormir, no entendía qué había hecho yo de malo para que aquella persona que apenas me conocía estuviese haciendo todas aquellas cosas contra mi.

Y entonces cometí un error. Harta de la mala racha y de aguantar que la gente me tomase por tonta reaccioné rebelándome y me dediqué a preparar mi venganza. Ha sido la primera y última vez que me he vengado en mi vida, yo que siempre había sido reacia a devolver el daño que otros me habían hecho.

Vengarse no merece la pena, es un malgasto de energías y de tiempo. El regusto que deja no es dulce, más bien es amargo.

Vengarse me causa dolor interno, ya que me demuestra que no soy tan buena persona como yo quisiera. Pero en fin, aguantar es de tontas, vengarse es de necias. Así que mejor ser tonta sin vengarse que no causa dolor a nadie.